Berriak
Gaurkotasuna eta Baliabideak
Berriak
Ola del mar
Las olas molan
Ola de frío
FAUSTO: —Concreta tus estudios, Fausto, y principia a sondear la profundidad de lo
que sondear quieres. Habiendo comenzado por ser teólogo llegaste a los extremos de
todo arte y vives y mueres en las obras de Aristóteles. Dulces Analíticos, vosotros me
habeis deleitado: «Bene disserere est finis logicis. » Mas, el arte de discurrir bien ¿no
proporciona mayor milagro? Entonces no leas más, porque ya has alcanzado ese fin.
Mayor tema es propio del ingenio de Fausto. On kai me on, adiós! Hazte galeno,
porque «Ubi desinit philosophus ibi incipit medicus». Sé, pues, médico, Fausto;
amontona oro y eternízate por alguna maravillosa cura. «Summun bonum medicinae
sanitas. » Si el fin de la medicina es la salud de nuestro cuerpo, ¿por qué, Fausto, no
has llegado a ese fin? ¿No se juzgan aforismos tus comunes palabras? ¿No son tus
recetas citadas como monumentos, no has librado de la peste ciudades enteras y no
has aliviado miles de incurables enfermedades? Con todo, no eres más que Fausto,
esto es, un hombre. ¿Podrías hacer a los hombres vivir eternamente, o devolver los
muertos a la vida? Entonces esa profesión merecería ser estimada. Ea, adiós, medicina.
¿Dónde está Justiniano? (Volviéndose a un libro.) «Si una eademque res legatur
duobus, alter rem, alter valorem rei», etc. ¡Lindo caso de mezquinos legados! (Leyendo
de nuevo.) «Exhaereditare filium non potest pater nisi», etc. Tal es el tema de Las
Institutas y el del universal cuerpo del derecho. Su estudio es propio de un mercenario
sin otra meta que el sacar provecho de las miserias de la chusma, harto iliberal y servil
para mí. En conjunto, es mejor la teología. Mira bien, Fausto, la Biblia de Jerónimo.
(Toma la Biblia y la abre.) «Stipendium peccati mors est. Si peccasse negamus fallimur
et nulla est in nobis veritas.» Pero nosotros tenemos que pecar y por consecuencia que
morir, y morir con eterna muerte. ¿Cómo llamar a esta doctrina? «Che sera, sera». ¿Lo
que ha de ser ha de ser? ¡Adiós teología! (Cierra la Biblia y vuélvese a unos libros de
magia.) La metafísica de los magos y necrománticos libros es celestial. Aquí hay líneas,
círculos, escenas, letras y caracteres. Esto es lo que Fausto desea más. ¡Oh, qué
mundo de provechos y deleites, de poder, de honor, de omnipotencia se promete
aquí al estudioso artífice! Cuantas cosas se mueven entre los quietos polos quedarán
7
sometidas a mi mandato. Reyes y emperadores sólo son obedecidos en sus diversas
provincias, mas no pueden levantar el viento ni desgarrar las nubes, mientras el
dominio del mago de eso excede y llega tan lejos cual llegue la mente del hombre. Un
buen mago es un dios poderoso. Aplica tu cerebro, Fausto, a conseguir la divinidad.
(Entra Wagner.) Vete, Wagner, a buscar a mis más queridos amigos, el alemán Valdés y
Cornelio, y diles que deseo que me visiten.
(Entran el ángel bueno y el ángel malo.)
ÁNGEL BUENO: —¡Oh, Fausto! Deja a un lado ese condenado libro y no mires en él,
que tentará tu alma y atraerá sobre tu cabeza la pesada ira de Dios. Lee las Escrituras,
que eso otro es blasfemia.
ÁNGEL MALO: —Sigue adelante, Fausto, en ese famoso arte donde se contienen
todos los tesoros de la naturaleza, y serás en la tierra, como Júpiter en el cielo, señor y
dominador de los elementos.
(Salen.)
FAUSTO: —¡Cómo esto me enajena! ¿Podré hacer que los espíritus ejecuten lo que me
plazca, resolviéndome todas las dificultades y efectuando las más desesperadas
empresas que yo quiera? Los haré volar hasta la India por oro, despojar el océano de
perlas de oriente y buscar en todos los ámbitos del Nuevo Mundo placenteros frutos y
principescas golosinas. Haré que me enseñen las más extrañas filosofías y me digan los
secretos de los reyes extranjeros. Yo les haré que amurallen toda Alemania con bronce
y que el rápido Rhin circunde la bella Wurtenberg. Les mandaré que tapicen las
escuelas públicas con seda y que vayan los estudiantes elegantemente vestidos.
Reclutaré soldados con el dinero que ellos me acuñen y expulsaré al príncipe de Parma
de nuestra tierra para reinar como único rey de nuestras provincias. Haré que más
extraordinarias máquinas de guerra que las que hendieron el puente de Amberes
inventen para mí mis serviciales espíritus. Pasad, alemán Valdés y Cornelio, y
favorecedme con vuestro discreto discurso.
Ola de calor
FAUSTO: —Concreta tus estudios, Fausto, y principia a sondear la profundidad de lo
que sondear quieres. Habiendo comenzado por ser teólogo llegaste a los extremos de
todo arte y vives y mueres en las obras de Aristóteles. Dulces Analíticos, vosotros me
habeis deleitado: «Bene disserere est finis logicis. » Mas, el arte de discurrir bien ¿no
proporciona mayor milagro? Entonces no leas más, porque ya has alcanzado ese fin.
Mayor tema es propio del ingenio de Fausto. On kai me on, adiós! Hazte galeno,
porque «Ubi desinit philosophus ibi incipit medicus». Sé, pues, médico, Fausto;
amontona oro y eternízate por alguna maravillosa cura. «Summun bonum medicinae
sanitas. » Si el fin de la medicina es la salud de nuestro cuerpo, ¿por qué, Fausto, no
has llegado a ese fin? ¿No se juzgan aforismos tus comunes palabras? ¿No son tus
recetas citadas como monumentos, no has librado de la peste ciudades enteras y no
has aliviado miles de incurables enfermedades? Con todo, no eres más que Fausto,
esto es, un hombre. ¿Podrías hacer a los hombres vivir eternamente, o devolver los
muertos a la vida? Entonces esa profesión merecería ser estimada. Ea, adiós, medicina.
¿Dónde está Justiniano? (Volviéndose a un libro.) «Si una eademque res legatur
duobus, alter rem, alter valorem rei», etc. ¡Lindo caso de mezquinos legados! (Leyendo
de nuevo.) «Exhaereditare filium non potest pater nisi», etc. Tal es el tema de Las
Institutas y el del universal cuerpo del derecho. Su estudio es propio de un mercenario
sin otra meta que el sacar provecho de las miserias de la chusma, harto iliberal y servil
para mí. En conjunto, es mejor la teología. Mira bien, Fausto, la Biblia de Jerónimo.
(Toma la Biblia y la abre.) «Stipendium peccati mors est. Si peccasse negamus fallimur
et nulla est in nobis veritas.» Pero nosotros tenemos que pecar y por consecuencia que
morir, y morir con eterna muerte. ¿Cómo llamar a esta doctrina? «Che sera, sera». ¿Lo
que ha de ser ha de ser? ¡Adiós teología! (Cierra la Biblia y vuélvese a unos libros de
magia.) La metafísica de los magos y necrománticos libros es celestial. Aquí hay líneas,
círculos, escenas, letras y caracteres. Esto es lo que Fausto desea más. ¡Oh, qué
mundo de provechos y deleites, de poder, de honor, de omnipotencia se promete
aquí al estudioso artífice! Cuantas cosas se mueven entre los quietos polos quedarán
7
sometidas a mi mandato. Reyes y emperadores sólo son obedecidos en sus diversas
provincias, mas no pueden levantar el viento ni desgarrar las nubes, mientras el
dominio del mago de eso excede y llega tan lejos cual llegue la mente del hombre. Un
buen mago es un dios poderoso. Aplica tu cerebro, Fausto, a conseguir la divinidad.
(Entra Wagner.) Vete, Wagner, a buscar a mis más queridos amigos, el alemán Valdés y
Cornelio, y diles que deseo que me visiten.
(Entran el ángel bueno y el ángel malo.)
ÁNGEL BUENO: —¡Oh, Fausto! Deja a un lado ese condenado libro y no mires en él,
que tentará tu alma y atraerá sobre tu cabeza la pesada ira de Dios. Lee las Escrituras,
que eso otro es blasfemia.
ÁNGEL MALO: —Sigue adelante, Fausto, en ese famoso arte donde se contienen
todos los tesoros de la naturaleza, y serás en la tierra, como Júpiter en el cielo, señor y
dominador de los elementos.
(Salen.)
FAUSTO: —¡Cómo esto me enajena! ¿Podré hacer que los espíritus ejecuten lo que me
plazca, resolviéndome todas las dificultades y efectuando las más desesperadas
empresas que yo quiera? Los haré volar hasta la India por oro, despojar el océano de
perlas de oriente y buscar en todos los ámbitos del Nuevo Mundo placenteros frutos y
principescas golosinas. Haré que me enseñen las más extrañas filosofías y me digan los
secretos de los reyes extranjeros. Yo les haré que amurallen toda Alemania con bronce
y que el rápido Rhin circunde la bella Wurtenberg. Les mandaré que tapicen las
escuelas públicas con seda y que vayan los estudiantes elegantemente vestidos.
Reclutaré soldados con el dinero que ellos me acuñen y expulsaré al príncipe de Parma
de nuestra tierra para reinar como único rey de nuestras provincias. Haré que más
extraordinarias máquinas de guerra que las que hendieron el puente de Amberes
inventen para mí mis serviciales espíritus. Pasad, alemán Valdés y Cornelio, y
favorecedme con vuestro discreto discurso.
Baliabideak eta argitalpenak
Newsletter
Harpidetu zaitez!
Egin bat gure komunitatearekin, eta jaso zuzenean zure sarrerako ontzian gure azken nobedadeak eta askoz gehiago.